Lieber Geist

Dear Ghost / Querido Fantasma

 

2016

Lieber Geist I
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Lieber Geist II
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Lieber Geist XXI
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Lieber Geist I
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         Dicen que es imposible amar sin sentir nostalgia, la adicción de desear, de ver *1, que nadie puede realmente anhelar lo que ya tiene. Si bien es cierto que el amor nos une al otro, más lo es que perdura siempre y cuando sintamos que no hemos alcanzado su cima. El amor entonces se vuelve la imagen de la ausencia, la presencia de un fantasma que nos acompaña. 

          Dicen que los fantasmas existen y permanecen porque aún tienen sus heridas abiertas, y por eso no pueden descansar, ay, almas en pena. Los espíritus habitan en el plano liminal, entre lo vivo y lo muerto, entre lo que existe y lo que ya no, entre el miedo y la tranquilidad de lo cotidiano, entre la posibilidad y la nada. 

 

      La idea de “alma”, de “fantasma”, ha existido siempre en todas las culturas, religiones y mitologías como ecos ectoplásmicos de los vivos. Me ha interesado especialmente una teoría centroafricana – bastante desconocida- que distingue a los “Sasha” de los “Zamani”; Para ellos existen tres tipos de personas: los vivos, los muertos (Zamani), y los que ya no están (Sasha). Estos últimos no conservan su vida biológica, pero siguen existiendo de alguna manera, dentro de alguien que ha convivido con esa persona; es decir, un alma no muere del todo, si ha tenido contacto con otro que aún vive, y que le recuerda, porque su energía se encuentra dentro de su ser. Zamani, en cambio, se denominan aquellos con los que ya nadie tiene la experiencia de haber convivido. No son etapas de la muerte. Son las dos etapas ontológicas (o dimensiones) de la historia de la cultura Swahili. .

 

      El origen de este trabajo radica en querer aprender a convivir con el desconsuelo del abandono. En este bosque, quiero detener el recuerdo de aquello que se pierde. La fotografía, en este sentido, no me une al mundo, sino que me aísla, me revela mi dolor, la desolación y la tristeza melancólica desde donde nace de nuevo el mayor y más bello deseo de revivir toda aquella felicidad pasada. La evocación del fantasma se encuentra en lo inasible, pues ni la neblina azul, ni la voz del invierno perduran. Por tal motivo, sólo me queda la añoranza como una posibilidad de encuentro..

 

      Amo su fugacidad tanto como amo mi hora azul, esa disipación del día en noche, de su recuerdo en el tiempo que, sin embargo, nunca se convierte en el completo vacío, pues apenas está a punto de desaparecer y nuevamente se muestra, pero de forma inalcanzable, en un continuo e incesante fluir.

 

      Los cuerpos se funden como el fantasma que vive dentro de uno mismo, cuando se ama al que se fue, al que ya no está. La idea del movimiento me lleva a pensar en aquello que trascurre, pero no se trata del movimiento pensado, fijo en su objetivo, sino del movimiento sin rumbo, creando, de esta manera, cierto sentimiento de angustia y de intensa atracción hacia el ser que se nos escapa. 

El bosque, cubierto de hojas emancipadas del árbol el pasado otoño; la tierra, cubierta de una saturación de ausencia que ahora sienten las ramas desnudas de donde han caído, dejándolas con la esperanza de que vuelvan a crecer en los primeros instantes de la primavera.

 

      La penúltima fotografía del baile en armonía, como una síntesis perfecta, muestra la reunión de la presencia y la ausencia, de lo tangible y lo intangible, de lo cercano y lo distante. El ser humano desea desde lo más profundo de su ser, ese alimento inasible, que desde la muerte de los sentidos lo hace vivir eternamente. Lo temporal que denotan las imágenes está en función de la ausencia, ésta nos hace vivir el amor como una espera, como un deseo de que llegue lo perdido y nos ubique en este mundo. 

 

      Lo perdurable y que verdaderamente amamos es la ausencia presente, aquellas cosas que jamás tuvimos y que por ello mismo se han quedado en nosotros. A fin de cuentas, el amor es y siempre ha sido, sin cesar, ein lieber Geist. *2

Irene Cruz (April 2016)

 

*1 Del alemán “Sehnsucht” derivado a “Sehensucht” nostalgia, literalmente, la adicción a desear, a ver.

*2 un querido fantasma.

 

 

 

Anexo:

 

Lieber Geist:

 

Cuando el atardecer azul lo inunda todo de nostalgia, en esta hora en que todo está aguardando para comenzar de nuevo, yo ya estoy dándole vueltas a la deriva de mi mundo. Duele lo que fue pasado, puerta herida de luz que no cicatriza, el lamento de un fantasma que nunca se va.

 

Es preciso moverse con demasiado sigilo si no quiero despertar tu presencia ausente, circundante e inaprensible. La vida se obstina en seguir avanzando, cuando para mí, todo se ha detenido de forma abrupta. Este mundo es implacable, fluye deprisa y sin aliento me obliga a seguir respirando y latiendo aún mientras añoro lo que fue hogar.

 

Irene Cruz

 

 

 

 

          “La serie explora el mundo de lo espectral mediante figuras humanas desnudas y en movimiento en escenarios natura- les. La universalidad y el conflicto del tema tratado –la (in) tangibilidad de la vida espiritual– hace que sus instantáneas se revelen como fotografías de almas evocando cuestiones metafísicas.

         Su fotografía explora los espacios intermedios entre el movimiento o la quietud o el sueño o la vigilia man- teniendo ciertas constantes que vertebran su trayectoria ar- tística: la naturaleza, la figura sin rostro, el movimiento y una ciertamente misteriosa poética.

         Encuadres perfectos, composiciones armoniosas y un cuidadoso uso de la luz, siempre retratando su hora azul, un momento entre el día y la noche que da a todo su arte mágico ese tono azulado.”

 

María Marco

Comisaria, historiadora del arte y periodista

 

 

 

 

        “Hay un estado latente de silencio contenido en estas imágenes que revela la desolación de unas manos invisibles. Son los mismos dedos que tratan de buscar a tientas el recuerdo inalcanzable de un momento feliz de su propio mundo. Y esa felicidad es precisamente la que se desliza en todas sus fotos, como rayos rotos que conforman la iluminación de cada escena, como dos focos que emiten luz desde muy lejos.”

 

Leila Amat

 

 

 

 

 

 

 

Review

Dear ghost, I want to walk in silence. Some ideas about Irene Cruz. 

 

         I think that there are two words in German and in Japanese that define well how a certain mood is perceived.

The first one is Waldeinsamkeit, which describes the feeling of being alone in the woods; the second one is shinrin yoku, and it defines the action of penetrating into nature’s luxuriance, where everything is quiet and relaxing.

Both terms describe the woods as apparently mild and reconciling from a spiritual point of view. However, if we look at it from a cinematographic perspective, there is the film The Village by Michael N. Shyamalan, in which a pseudo-platonic thesis teaches about the dimension of a conflict based upon a supernatural lie that uses the classical excuse of the common good, creating a foundational myth to justify the division between what is real and what is not, and transferring the intellectual perception of absolute good and the limits of the intelligible world as tools of control.

 

        Plato defines it well in his book The Republic: “It belongs then to the governors of the city, if to any others, to make a lie, with reference either to enemies or citizens, for the good of the city.” What is interesting is that he proposed a contradictory argument, as he contrasted two possibilities about the supremacy of a human: one from the cathartic purification of the evil (what is often called “Nirvana”), and the other from the static and mythological simulation of something beyond the known world, watching over us.

In the book Antropología del budismo (“Anthropology of Buddhism”) by Juan María Arnau Navarro, some ways are proposed to manumit the spirit, as well as to run away from the paradigms that turn us into a part of flock, whether we like it or not. Our desire offers a universe that grants access to the utopia and the imagination, the reinterpretation of the environment, the prevalence against the swamps of what is licit, esoteric and hermetic.

 

        I am not going to talk about the fact that desire is part of the dreadful Decalogue of modern cosmopolitan individuals, nor about the fact that stalking the woods can turn us into stalkers, as Andrei Tarkowski called them.

This paradigm is more emotional, less figurative, hygienic and fantastic, where the unifying thread, the flâneur (a term that I have been using during the whole week for this and that), and the visual metaphor of the loneliness or indolence are elements that have a changing, almost iconic perspective, due to the situation where the magic of representation is trapped.

When we talk about representing loneliness, there is an artist with a shutter retina, a photographer able to get immersed in chlorophyll and move mirrors, licensing a gloomy light, narrow in its focal geodesy, so the enfant terrible (as they say, much to my regret) appears and the miracle of a picture full of concepts and stories happens, full of getaways. As Plato said: “it’s better to step aside than to run away.”

 

        I am talking about Irene Cruz and her bordering blue hour: a boundary of nuances that consider the best way for the body to become the format.

 

        This is how photographer Leila Amat imagines it: “She transforms into lost souls in her lonely search for questions and answers that get mixed up and crowd around the leaves in some timeless forest. Everything in this series is fallen, everything is a jump into the abyss from reality.”

 

      María Marco continues: “Her pictures explore the intermediate spaces between movement and lethargy, between sleep and wakefulness, keeping certain elements that provide the essential structure of her artistic career: nature, faceless figures, movement and mysterious poetry. Her photos are timeless and aesthetically splendid, created with perfect framing, harmonious compositions and a very careful use of that light which is always present in her blue hour, that moment between the day and the night that paints blue all her photographs.”

 

       I find this notion of the “blue hour” very interesting. This concept comes from the French expression l’heure bleue (used by the Belgian dramatist and choreographer Jan Fabre) and refers to the moment of the dusk, both in the morning and in the evening, when there is neither sunlight nor absolute darkness. This moment of light opens the spectrum towards a modulation close to the colour of the sea, of cobalt, avoiding filters and later editions. It is nature itself that offers this.

Irene Cruz’s representations are naked bodies that meet a metaphysical revelation, that travel without thinking, without maps, and without feeling cold. It is an encounter with the paranormal logic of balance, with voiceless spectres. It is a mild, motionless dance, with the clarividence of the music that cannot be heard, for if there is a chromatic hour, there is an hour for silence as well, as Pierre Boulez would say.

 

Marcos Fernández (Blouinart info)