Golden Girl

2018

 

Golden Girl

 

...Y allí estaba ella, con los ojos cerrados. 

Tan acostumbrada a este paisaje, que ni siquiera se molestó en abrir los ojos.

Todo parecía igual: la oscuridad.

 

 

Pero ese día se sentía diferente. 

Esa sensación de incomodidad, inquietud, ella podía sentir todo eso

muy físicamente, el calor, las vibraciones y la energía fluyendo dentro de su cuerpo.

A través del estómago, el pecho, la garganta, los dientes y la lengua.

 

Así se encontró de pie, 

tan consciente de su cuerpo pero completamente desconcertada y perdida al mismo tiempo,

en esa luz dorada.

Y todo parecía tan enigmáticamente bello,

si no hubiera sentido la fatiga en sus ojos bien abiertos

y la fuerza de la luz invadiendo sus pupilas,

encogiéndolas hasta convertirlas en brillantes espigas....

Habría jurado que todo era un truco de su mente.

Un dulce escape del aire contaminado, la frialdad y la oscuridad

que la rodeaban últimamente.

 

Pero no lo era. Se dio cuenta de que sus ojos siempre habían estado abiertos.

Simplemente dejaron de ver. 

Siempre estaban mirando, pero al verse privados de su único deber,

se volvieron perezosos y somnolientos y, paso a paso, perdieron la voluntad y el poder de ver activamente.

Interactuar activamente con la materia del exterior, absorbiendo la energía, 

transformándola y dejándola salir de nuevo con suavidad, regalándola de nuevo al entorno

en este intrincado pero tan armonioso diálogo.

 

Una danza hipnótica de energía invisible pero perceptible,

que con ritmo y armonía 

hizo fértil la visión

y diera a luz.

 

La oscuridad era un estado de ánimo 

que al final acabó produciéndose y concretándose

como una pérdida de luz, una pérdida de visión.

Era la forma en que no había percibido 

el mundo durante los últimos años.

 

Sólo entonces se dio cuenta de que ella emitía esa luz.

Desde sus poros, su piel, sus uñas. 

 

Era dorada.

Veronica Carli